Voluntarios
Adriana Serrano: más de 20 años transformando vidas como voluntaria de Operación Sonrisa
Hay personas que transforman el mundo desde el silencio, detrás de cada registro, de cada nombre, de cada historia que da vida a una sonrisa. Una de ellas es Adriana Serrano, voluntaria de Operación Sonrisa desde 2004, quien ha dedicado más de 20 años a acompañar con amor, compromiso y entrega el proceso de miles de pacientes y familias.
Su historia con la fundación comenzó por casualidad. “Mi esposo hacía la residencia en el Hospital Militar en Bogotá y participaba en los programas quirúrgicos. Yo iba a acompañarlo y terminaba ayudando en lo que hiciera falta: organizaba medicamentos, movilizaba pacientes, tomaba fotos con una cámara de disquetes (que en ese momento era lo último en tecnología). Todo eso me enamoró de la fundación.”
Esa primera experiencia despertó en ella una vocación que nunca se apagó. Pronto se capacitó en el área de historias clínicas, donde su formación como abogada resultó clave para garantizar el manejo responsable y cuidadoso de la información de los pacientes. Con el tiempo, asumió también un rol en PIT (Patient Imaging Team), documentando de manera fotográfica el antes y después de cada cirugía, capturando no solo cambios físicos, sino transformaciones de vida.
“Ser voluntaria me enseñó que no es necesario pertenecer al área de la salud para ayudar. También desde otros conocimientos podemos aportar a que muchos niños, niñas y adultos superen los retos del labio fisurado o paladar hendido. Aprendí a ver la vida desde otras ópticas, desde la mirada de quienes viven esa realidad.”
Como todo camino de servicio, el suyo no ha estado exento de desafíos. Adaptarse a un entorno nuevo y trabajar con equipos de profesionales de distintas áreas fue uno de los primeros. “Al principio me sentí abrumada por la cantidad de información y responsabilidades, pero gracias al apoyo de mis compañeros voluntarios y del staff de la fundación aprendí que la clave está en la comunicación, la disposición a aprender y el trabajo en equipo.”
A lo largo de los años, ha presenciado cientos de momentos conmovedores, pero hay uno que se repite y que siempre la emociona: el instante en que las familias ven por primera vez a su ser querido después de la cirugía. “Ver las expresiones de los padres, sus lágrimas, su alegría, su asombro… eso me arruga el corazón cada vez. Algunos hasta dudan si realmente es su hijo. Es un momento indescriptible.”
Hoy, ya jubilada, Adriana dedica más tiempo a la fundación, combinando su rol como voluntaria con su vida personal, sus hobbies y el cuidado de su hogar. Pero su compromiso sigue intacto.
A quienes dudan en unirse como voluntarios, les deja un mensaje que nace del alma:
“Ser voluntario te transforma. Te enseña empatía, compasión y gratitud. Aprendes a ver la vida desde el lugar del otro y descubres valores que a veces estaban dormidos. Ayudar te hace crecer, te conecta con lo verdaderamente importante.”
Adriana Serrano es una de esas voluntarias que, con su experiencia, su calidez y su pasión, demuestra que hay muchas formas de construir sonrisas. Algunas se logran con bisturí, otras con palabras, registros o fotografías… pero todas nacen del mismo lugar: el corazón.