Equipo médico
Nelly Quinceno: 10 años transformando vidas como voluntaria de Operación Sonrisa
A veces, las puertas que cambian el rumbo de la vida se abren en medio del trabajo cotidiano. Eso le pasó a Nelly Quinceno, enfermera de profesión y voluntaria de corazón, cuando Operación Sonrisa llegó al hospital Marco Fidel Suárez, donde ella estaba a cargo de la parte logística. Lo que comenzó como una jornada más se convirtió en el inicio de una transformación personal y humana.
“Vi a los cirujanos, a las enfermeras, a todo el equipo… y lo que más me impactó fue su actitud, su amor, la forma en que se entregaban a los pacientes, siendo voluntarios. Me pregunté cómo podía ser parte de eso. Mandé mi hoja de vida… y así empezó todo.”
Desde entonces, Nelly no solo ha sido parte de las jornadas en Colombia, sino que ha llevado su vocación más allá de las fronteras. Ha participado como voluntaria en países como Perú, Bolivia, Ecuador, México y Panamá, enfrentando el miedo a lo desconocido y descubriendo que, al otro lado del mundo, también se puede encontrar una familia.
“Al principio me asustaba ir sola, enfrentarme a otras culturas, no saber cómo me iban a recibir. Pero con cada misión, fui encontrando fuerza. Me di cuenta de que también allá había personas con las que podía conectar, que me acogían como parte de algo más grande.”
Entre las muchas historias que la han marcado, hay una que guarda en su corazón con especial cariño. Fue en Arauca, durante una jornada en la que atendieron a un paciente de 65 años con labio fisurado bilateral. “Él vivía en una vereda y nunca había salido a la ciudad por vergüenza. Lo trajo su hijastro. Cuando se miró al espejo después de la cirugía… no podía creer que era él. Todos lloramos. Fue un momento que jamás voy a olvidar”.
Hoy, Nelly está pensionada, cuida de su madre y disfruta de la vida a otro ritmo. Pero su vínculo con Operación Sonrisa sigue tan vivo como el primer día. Y aunque ya no tiene que coordinar turnos, su compromiso se mantiene intacto.
“Antes, cuando trabajaba, tuve el respaldo total del hospital. Incluso el gerente nos daba todo el aval para participar en las jornadas. Mis compañeros me veían entusiasmada, y algunos incluso se animaron a unirse. Aunque algunos no continuaron, yo sigo con la misma motivación.”
Más allá de su experiencia técnica como enfermera, Nelly destaca una habilidad que ha sido clave en su rol como voluntaria: la comunicación y la empatía. “Me conecto con facilidad con los usuarios, con los niños, con el equipo. Esa sensibilidad para escuchar, para entender al otro, ha sido mi mayor aporte”.
A quienes piensan en unirse como voluntarios, les deja un mensaje directo:
“No dejen apagar esa chispa que los empuja a ayudar. Háganlo desde el corazón. Antes de morir, hay que hacer algo por el otro.”
Y Nelly lo ha hecho. Ha tocado vidas, ha regalado confianza, ha compartido consuelo. Su historia es un testimonio del poder que tiene una enfermera cuando decide ofrecer su tiempo, su experiencia y su corazón a los demás.