Cada jornada de Operación Sonrisa Colombia es posible gracias a manos expertas que preparan, cuidan y acompañan con precisión cada paso del proceso quirúrgico. Hoy, en el Día del Instrumentador Quirúrgico, celebramos a quienes, desde el silencio del quirófano, hacen posible que la magia ocurra.
Una de esas manos es la de Jeniffer Baragan, voluntaria de la Fundación desde 2004, quien ha dedicado más de 20 años a transformar vidas desde su rol como instrumentadora quirúrgica.
“Lo que me motivó fue poder ayudar a los niños. Es mi motor, la posibilidad de apoyar a una población vulnerable y participar en cirugías diferentes, llenas de propósito. Cada procedimiento era una oportunidad para cambiar una historia”, recuerda Jeniffer.
Con el paso de los años, su labor voluntaria se ha convertido en una fuente de aprendizaje y gratitud. “A veces no sé si soy yo quien ayuda o si la fundación me ha ayudado a mí. Me ha llenado el corazón y me ha hecho una mejor persona”, afirma.
De todas las historias que ha vivido, hay una que aún la conmueve profundamente: la de una bebé en Popayán que había sido rechazada y trasladada entre varios hogares por su condición. “Era muy pequeñita, tenía menos de un año y ya había pasado por cuatro mamás sustitutas. Esa historia me rompió el corazón… Quería traérmela conmigo”, cuenta con emoción.
Para Jeniffer, el mayor desafío ha sido contener las lágrimas, pero también ha encontrado en cada jornada una razón más para seguir: “A veces las historias son tristes, pero me alienta saber que con mi trabajo puedo ser parte del cambio, que puedo ofrecer lo mejor de mí para transformar la vida de alguien.”
Hoy celebramos y agradecemos a todos los instrumentadores quirúrgicos voluntarios que, como Jeniffer, preparan el escenario donde nacen nuevas sonrisas. Su compromiso, precisión y sensibilidad son parte esencial de cada historia de transformación.